EL SISTEMA DE PENSIONES ESPAÑOL ( I )


     Los orígenes de una estafa piramidal de dimensiones nunca
vistas.


     Las técnicas de las empresas para captar clientes suelen ser muy poco originales. Cupones de descuento, presentación de nuevos productos e, incluso, ofertas de ganancias significativas para aquellos que traigan nuevos clientes suelen estar entre ellas.
Seguro que usted se ha tentado por esa publicidad que le garantiza un dinero extra o una suscripción a un canal de pago en la televisión por cable si logra que un amigo se dé de alta en el servicio...
     Bajo esta inocente propuesta se esconde el deseo de ampliar la base de clientes de la empresa, algo lícito y de lo que usted se puede aprovechar, por ejemplo, compartiendo el premio con ese amigo al que ha incorporado como cliente de la empresa.

     Sin embargo, no todo ofrecimiento que se haga en esa dirección tiene la misma lícita intención. Ciertas empresas ofrecen premios que responden a el siguiente modelo base: “ si usted invierte una cantidad x en mi empresa, le devolveré en un período de tiempo y la cantidad inicialmente invertida y, mientras esté aún inmovilizada, le pagaré unos rendimientos de z valor ( siempre menos que x )”.
     Otro modelo semejante, pero más descarado, es el que propone que “ si usted invierte x en mi negocio y logra que dos de sus amigos inviertan la misma cantidad, obtendrá el doble de x”.
     En ambos casos, y al hablar solo de beneficios, es fácil sentirse tentado a invertir, y, sin embargo, ambos modelos responden al de estafas piramidales, esas mismas que mandaron a prisión a Bernard Madoff.


     ¿ Cómo funciona una empresa piramidal?


     Las estafas piramidales tienen un funcionamiento simple: se solicita una cantidad de dinero, con la promesa de devolverlo con un tipo de interés alto y basado en la confianza de que la entrada de nuevos actores en el sistema mantendrá la previsión de devolución del dinero más los intereses.
     Es decir, no se crea nada ( ninguna mercancía ni servicio que genere un valor añadido) y, por lo tanto, depende para su funcionamiento del traspaso de capital entre sus miembros. Al funcionar de ese modo, y haber alguien que espera obtener beneficios sin invertir nada en el juego ( aquel que crea y fomenta el crecimiento de la piramide), es lo que se conoce como un juego de suma cero: lo que ganan unos lo pierden otro. De este modo, desde un principio va a haber alguien que va a ganar mucho ( el creador de la pirámide), otros que ganarán una razonable rentabilidad ( los que inviertan mientras la pirámide crece) y otros que perderán ( aquellos que, llegado un punto, no pueden atraer a nuevos miembros a la base de la pirámide).
     Obviamente, el desgaste de la pirámide es exponencial ( si seguimos con el segundo ejemplo, pasamos del creador a un primer “ primo”, que necesitará atraer a otros dos ( por los que tenemos cuatro). A su vez, estos dos necesitan de cuatro y así sucesivamente) y llegará un momento en el que no se pueda expandir más, y los últimos “ primos” serán quienes lo pierdan todo.

     Nuestro sistema de pensiones es calcado a este esquema, pero para que la nitidez de la estafa legal que ejerce el Estado quede más clara, analicemos el origen de la misma y cómo fue adaptada en España.


     Bismarck y Franco.


     El origen de los sistemas de pensiones de reparto se sitúa en Alemania.
     Bismarck, Canciller de Alemania, se encontró en la década de los 80 del siglo XIX con la fuerza de las protestas marxistas que habían calado entre los trabajadores, se mostró abierto a hacer concesiones con tal de no caer en una nueva fractura que pudiera suponer la ruptura del recién unificado territorio.
     Para ello, se fundó un primer sistema de pensiones por el que aquel trabajador en activo que superase los 70 años ( posteriormente esa cifra se rebajó en 5 años) pudiera retirarse y cobrar una prestación que le permitiese sobrevivir. Ese mismo subsidio se hacía extensivo a aquellos trabajadores que sufriesen un accidente laboral que le incapacitase para continuar su actividad laboral.
     Aunque este primer sistema de pensiones pueda parecer excelente como primer paso, fue una treta basada en un doble engaño que serviría para dar más poder a las nacientes estructuras estatales: la edad media de fallecimiento de los trabajadores se situaba en los 60 años ( lo que convertía en muy pocos a los verdaderos beneficiarios del subsidio) y creaba una base financiera estatal que permitía el nacimiento de una incipiente dependencia del mismo. De hecho, Bismarck, político sagaz como pocos, no negó tal extremo cuando fue interpelado por el mismo.

     La Constitución de la República de Weimar dio nuevos pasos en la ampliación del sistema, pero para el caso que nos interesa, fue en 1963, durante la dictadura del General Franco, cuando se aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social, germen del actual sistema de pensiones y que ya define una estructura de reparto en el sistema de pensiones.
El sistema de reparto en las pensiones actúa como una estafa piramidal que, para maquillar su mala fama, se cambia el nombre por el de “ solidaridad intergeneracional”, pero que funciona exactamente como sigue:

     La primera generación de pensionistas que vayan a recibir la pensión la percibirán íntegra pese a no haber cotizado ni un solo día en tal concepto. Tal truco de magia se logra porque la generación que queda en activo paga a la ya jubilada. De tal modo que los trabajadores que pagan hoy cotizaciones sociales lo hacen para pagar a los hoy jubilados y con la esperanza de que los nuevos trabajadores que se incorporen a el sistema les paguen las suyas.
     
     Dicho más claramente: en este sistema, al igual que las pirámides antes descritas, hay unos que ganan mucho ( los que se jubilaron sin haber pagado una peseta en conceptos de jubilación), otros que ganan algo menos ( los que se han jubilado y aún hoy día lo hacen) y los demás... lo veremos algo más adelante.
     El bueno de Franco sabía que el sistema de reparto era una estafa viable, al menos, hasta que el problema no fuera suyo: al sistema se incorporaban 6 trabajadores por cada jubilado y, además, tenían una baja tasa de reposición ( la tasa de reposición es porcentaje del salario real que se recibe como pensión. Hoy en día la media europea es del 45% pero, aquí en España, por ser tan magníficos y tener un sistema “ saneado” es del 70%) . Si a esto le sumamos que o todos los colectivos actuales se encontraba cubiertas por ellas, obtenemos un sistema fácilmente sostenible en ese contexto ( sostenible en el aspecto económico, el moral será discutido más adelante).
     Obviamente, nadie podría esperar en ese momento lo que sucedería dos décadas después ( pues pese a que en la Transición se llegaron a pactos de sostenimiento del sistema, las grandes reformas expansivas del mismo se vivieron con el mandato del PSOE) se extendería el sistema a aquellos beneficiarios que por motivos políticos ( ganancias de clientelas políticas que asegurasen que el PSOE renovara su victoria en las sucesivas elecciones generales) se tuvieron en cuenta ( el sistema giraba alrededor de los trabajadores y su familia en la reforma del 63, tomando el carácter de “ asistencial” en la década de los 80).
     Sin embargo, ya en la década de los 80 no fueron pocas las voces que advirtieron que la tasa de natalidad se reducía a un nivel rápido en relación a el envejecimiento de la población, lo que podría poner en riesgo el sistema de acentuarse más.
     Obviamente, un estadista suele ser poco amigo de dejar las cosas en las manos del destino y prefiere hacer sus predicciones en base a tendencias, y al ser conscientes de que la población crece o decrece en proporción geométrica, el sistema estaba condenado a quebrar algún día.

     Nadie les hizo caso. Mientras había para bailar y beber, ¿ para qué llorar? Total, la cigarra se come a la hormiga en el cuento y duerme tranquila en el hormiguero que le ha usurpado. El próximo invierno buscará a otra hormiga que comer si se niega a compartir el resultado de su duro esfuerzo...
     En esas estábamos hasta que, ante el miedo a la tendencia reinante, se firmó el Pacto de Toledo, por el que se estabilizaba el sistema en el medio plazo por medio del aumento de las bases imponibles y la creación de un fondo de reservas habilitado para satisfacer a el sistema ante momentos de crisis.
     Este Pacto, que debió de llamarse según el catedrático de economía Jesús Huerta de Soto con muy buen criterio, “ Pacto de Silencio de Toledo” , se encontraba en 1,9 por cada pensionista, fruto de las políticas de jubilación anticipada que había alimentado el PSOE y que habían provocado un fuerte déficit en el sistema que había obligado a el Estado a endeudarse fuertemente para su sostenimiento.
     La llegada al poder del Partido Popular supuso un cambio las metas macroeconómicas fruto de los acuerdos de convergencia que el Tratado de Maastricht exigían para poder entrar en la moneda única: el euro.
     Bajo esos criterios, se exigía un déficit público ( porcentaje de gasto que las administraciones públicas aplican sobre el PIB. De haber más ingresos que gastos, hablamos de superávit público) del 2% anual y una deuda pública máxima del 60% sobre el PIB. La situación no estaba descontrolada a nivel de deuda en 1996 ( cuando ganó las elecciones el Partido Popular), situándose en el 65,6 %. Pero el déficit público era de un desorbitado 5,37 % ( cifra que nos parece casi cómica ante el 10,95 % que marcó en 2009 durante el mandato del infame José Luís Rodríguez Zapatero).

     En este clima global ( recordemos que el sistema de pensiones se financia con las cotizaciones sociales principalmente, aunque también se tomen ciertas cantidades de las prestaciones por desempleo contributivas y los impuestos), al que debemos añadir que el paro se había disparado durante el mandato socialista, la confianza que generó la victoria del PP supuso una leve mejora en las cifras de relación entre trabajadores y pensionistas ( en gran medida por la limitación de las políticas de jubilación anticipada) y una más notable por la incorporación de nuevos contribuyentes al sistema que lo sanearon profundamente, permitiendo que las reservas del Pacto tomaran un volumen considerable.


     Continuará.



     Eduardo José Ramírez Allo.
     Politólogo.


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