EL ISLAM VISTO POR LOS GRANDES ESPECIALISTAS DE LAS CIENCIAS POLÍTICAS. HUNTINGTON Y SARTORI, ¿ QUÉ OPINAN ELLOS DEL ISLAM BAJO UN ANÁLISIS HISTÓRICO, CULTURAL Y POLÍTICO?
La
actualidad política europea de los últimos años ha estado marcada
por la violencia yihadista, que ha puesto al mundo musulmán en el
centro del debate político.
Este
debate, sin embargo, ha tomado un rumbo desalentador en el Viejo
mundo, pues si bien los intelectuales en el otro lado del Atlántico
habían prestado atención a la amenaza que podría suponer el
fundamentalismo islámico ( estudios que datan de hace más de
cincuenta años), y llegaron a conclusiones ejemplares en cuanto al
diagnóstico y las medidas a aplicar, la tradición secular de
izquierda en Europa ha dado una lectura perversa al problema.
La
diferencia fundamental a la hora de apuntar a culpables y víctimas
entre ambas tradiciones muestra que mientras en Estados Unidos
consideran víctimas a quienes sufren los atentados, muchos de los
pseudointelectuales europeos y gran parte de nuestra población (
especialmente la vinculada al eurocomunismo o al chavismo) consideran
víctimas a los súbditos del Islam, que han sufrido la explotación
de sus recursos por el mundo Occidental, lo que explica por qué
existe ese resentimiento con nuestra civilización y que justifica ,
al menos para gran parte de los defensores de ese credo, el uso de la
violencia sobre los ciudadanos no musulmanes europeos.
Esta
forma de afrontar el problema tiene su fundamento en las teorías de
la asimetría Norte- Sur, donde el Norte ( en este caso, los Estados
Unidos de América y los países de la Unión Europea) habría usado
al Sur para explotar sus recursos, manipularles para enfrentarles
entre ellos y, en suma, abusar de su posición de poder ante una
población y unas élites santas. Me refiero, obviamente, al mundo
musulmán.
Para
mantener esta teoría hacen una lectura particular de la Historia (
muy alejada de la reconocida por los expertos más reputados en la
materia) en la que el mundo judeo-cristiano aparece como el agresor
ante el Islam, en particular en el caso de las Cruzadas. Obviamente,
y ante la evidencia histórica que nos enseña como el Islam llegó a
sitiar Viena ( el primer Sitio se produjo en 1529) , y como toda
Europa estuvo cerca de convertirse al Islam ( o ser destruída, tal
como exige el Corán) es totalmente obviado.
Esto
no es nuevo para aquellos que conocemos las tretas que suelen usar
aquellos que pretenden deformar la Historia para que sirva a sus
fines. Y entre los fines que buscan está, obviamente, que olvidemos
nuestra identidad y quiénes son nuestros enemigos históricos, así
como cuáles son sus fines. Pues si bien el mundo Occidental ha
llegado a aceptar vivir con múltiples culturas y religiones en su
territorio, eso no quiere decir que el mundo musulmán haya olvidado
su fin primordial: la conquista y sometimiento del mundo cristiano.
Esto
no sorprenderá a aquellos que tengan un dominio amplio de la
evolución histórica militar, pues el principal freno que impide
esto y que, de hecho, impidió que toda Europa llegara a ser
musulmana se debe a un triple motivo: quedarse atrasado
tecnológicamente ante Europa , las luchas por el poder en el mundo
musulmán y las propias luchas con las potencias que aparecían desde
oriente.
Es
decir, las buenas o malas intenciones no se deben juzgar por aquello
que no has podido hacer, sino por el deseo sincero de no llevarlo a
cabo. Y, al respecto, a día de hoy no hay duda: el mundo musulmán
no ha llegado más lejos porque no ha podido; el Occidental porque no
ha querido.
Responde
esto a la pregunta de la bondad del Islam, que no es tal, pero aún
queda por fijar cuáles son los límites del conflicto y definirlo,
pues si reconocemos que es este un conflicto de religión, quedará
claro que los norteamericanos han identificado bien el problema
mientras que los europeos seguiremos sin definir bien su alcance.
Antes,
sin embargo, de pasar a analizar las investigaciones de los grandes
especialistas en el tema, no voy a dejar pasar la oportunidad de
hacer una breve cronología de la lucha entre el mundo cristiano y el
musulmán, para dejar claro quién empezó qué y quién debe tener
derecho a qué:
El
Islam, como religión, nace en el siglo VII de nuestra era cristiana,
cuando su dios Alá dio las instrucciones al profeta Mahoma.
Obviamente,
esto queda muy mal para una religión, pues reconocer su nacimiento
en ese momento puede ser entendido como un mero ejercicio de
manipulación, ya que el judaísmo nació al menos hace 6.000 años,
es decir, unos 4.600 años antes que Mahoma.
Es
por esto que aceptaron gran parte del culto hebreo, pero abandonando
aquella parte de su enseñanza que fuera en contra de sus fines.
En
la fecha de la muerte de Mahoma ( 632 d.c.), Jerusalén tenía valor
histórico para judíos y cristianos. Sin embargo, el Islam la
conquistó en el 638 d.c. , sentando las bases para el resentimiento
cristiano que motivó las Cruzadas ( que, de forma contraria a como
defienden aquellos que quieren victimizar al Islam, se llevaron
también en contra de la Iglesia anglicana).
Es
decir, el Islam tomó de forma violenta tales territorios , que
fueron devueltos en cierta medida a la comunidad judía con la
creación del Estado Israel. Todo un hito del mundo civilizado ante
la barbarie musulmana.
SAMUEL
HUNTINGTON Y EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES.
El
politólogo Samuel Huntington teorizó acerca del conflicto histórico
entre civilizaciones y cuál podría ser el siguiente tras la caída
de la URSS y el fin de la Guerra Fría.
Huntington,
apoyándose especialmente en el trabajo de Toynbee, se enfrentó a
las tesis de Francis Fukuyama, que básicamente afirma lo siguiente:
usando la dinámica de la Historia hegeliana, basada en la evolución
entre tesis ( no solo entendida a nivel intelectual, sino como una
manifestación de poder existente. Un ejemplo de manual es, tomando
como partida la división en Estados previos a la Revolución
Francesa, tomar como tesis a la Monarquía), antítesis ( siendo lo
que se enfrenta a la tesis. Siguiendo el ejemplo anterior, la
burguesía emergente sería la antítesis) y síntesis ( el resultado
del choque entre la Monarquía y la burguesía fueron las Repúblicas
posteriores), obteniendo un estado final. Fukuyama defiende que ese
estado final , al menos a nivel político, en la Historia lo
representa la democracia liberal, que ha ido tomando algunas de las
instituciones útiles de sistemas pretéritos pero los ha superado en
todo lo demás.
Huntington
creía que esto era erróneo, pues si bien las democracias liberales
habían ganado la batalla a nivel formal al comunismo ( solo a nivel
formal pues, como deberíamos saber todos, los partidos
eurocomunistas – como Izquierda Unida y Podemos en España- tienen
la intención, tras llegar a tomar el poder, de retomar los
principios fundamentales del comunismo. En palabras de Carrillo, uno
de los padres del eurocomunismo, no se rechaza la revolución, solo
se aplaza. Obviamente, el eurocomunismo está muy vivo donde , como
dijo Bakunin, “ están aún vigentes los elementos más bárbaros
de su ira fundamental”. Sobra decir que muchos españoles encajan
en ese perfil ) no habían conseguido permear en aquellas sociedades
más primitivas a nivel social, es decir, en el mundo musulmán.
En
los 90 y la primera década del nuevo milenio hubo toda una oleada de
artículos sobre la extensión de la democracia, preguntándose si
sería posible llegar a ver su extensión a nivel mundial. La opinión
mayoritaria era que sí, que esto era posible ( de acuerdo con las
tesis de Fukuyama), pues si bien los atentados del 11 S hicieron
pensar que había un nicho de pensamiento fundamentalista en el mundo
musulmán, también se pensó que se podría acorralar y conseguir
exportar la democracia al mundo musulmán. Esto pese a que muchos
politólogos y sociólogos advirtieron que las circunstancias
reinantes en ese mundo, especialmente su contexto religioso y
cultural, son netamente antidemocráticos.
Así,
la experiencia mayoritaria de la mal llamada “ Primavera Árabe”
en la que se pensó que la acción en favor de movimientos o partidos
prodemocráticos, o bien, derrocar al dictador de turno ( como en los
casos de Irak y Libia) haría brotar de forma natural la democracia
en la mayoría del mundo musulmán.
La
realidad fue otra bien diferente: la caída de esos dictadores no
supuso la toma del poder por los ciudadanos, pues el Islam no los
crea,( súbditos sí, ciudadanos no) sino la toma del poder del
musulmán fundamentalista. Esto no resultó ser una gran sorpresa
para la inmensa mayoría de politólogos, ya que tras haber dedicado
gran parte de sus esfuerzos a estudiar las condiciones de posibilidad
de la democracia, ninguna estaba presente en el mundo musulmán.
Huntington
dio cuenta de ello, pero no solo se quedó en los elementos
institucionales necesarios, se centró en los elementos culturales. A
tal fin, debemos tener en cuenta no solo aquello que entiende el
mundo musulmán como obligación por sus creencia, es decir, como
aquello que es obligado por la interpretación de sus textos
sagrados, sino su práctica real, independientemente de su sustento
religioso.
Así,
el trato vejatorio a la mujer en la mayor parte del Islam, la condena
de la homosexualidad, la exaltación del tribalismo, el maltrato
sistemático a los animales, la total ausencia de respeto por la
niñez o el total desplazamiento de la razón en cualquier tema que
pueda chocar con la religión o las costumbres establecidas, son
parte de la cultura del Islam.
Pueden
existir excepciones, pero al ser tan minoritarias, Huntington dedujo
que no tenían las condiciones necesarias para encajar en el ideal
democrático. Yo añado que no encajan en el democrático, pero sí
en el totalitario.
Así
que Huntington le ganó la partida a Fukuyama de forma aplastante,
pero hubieron voces que se opusieron a su teoría. En especial, se
deben mencionar dos posturas opuestas a la tesis del choque de
civilizaciones, a saber:
1º.
La defendida por Said ( el mismo que , desde la libertad de expresión
que le dan las cátedras de las universidades occidentales, criticó
que se centrara el estudio científico en los logros de la ciencia
occidental, marginando y politizando su contenido para marginar a el
mundo musulmán. Esto es, cuando menos, una crítica poco justa, ya
que el subdesarrollo de la ciencia en esos países les ha llevado a
ocupar un lugar subordinado en la realidad internacional), que toma
el nombre de “ choque de ignorancia” al afirmar que los mismos
nombres de “ Occidente” , “ Islam” o “ Iglesia Católica”
se presta a etiquetar y confundir, además de hacer un uso
discriminatorio del lenguaje , con contenidos islamófobos.
2º.
El del “ Diálogo entre civilizaciones”, defendida por Jatamí,
entendida como una forma de mutua convivencia entre civilizaciones
que no quieren ser iguales ( se opone a la idea de Said) y la mal
llamada “ Alianza de civilizaciones”, teniendo como representante
en España a Rodríguez Zapatero.
Aunque
existen más críticas a la tesis de Huntington, estas son las más
fuertes y lograron penetrar en el debate y ulterior toma de
decisiones en instituciones que están dispuestas a emplear un
lenguaje inclusivo en las relaciones internacionales. Me refiero,
obviamente, a aquellas instituciones que forman parte del sistema de
Naciones Unidas.
Sin
embargo, es esta una argumentación débil que no soporta la más
mínima comprobación empírica y, aún mucho menos, la crítica de
intelectuales no partidistas en el tema. Al respecto, para aquellos
que quieren mantener una posición integradora respecto al Islam (
integradora solo desde su perspectiva, pues el Islam nunca se ha
querido integrar, sino exigir que se acepten sus máximas allá a
donde vayan) deben tener en cuenta la opinión de todo un experto en
la materia, como Giovanni Sartori, que con su argumentación mordaz e
inteligente pone en situación la verdadera relación entre Occidente
y el Islam, y todo ello rechazando la corriente actual de
posicionamiento unidireccional que exige aprobar el Islam a cualquier
precio o ser tildado de “ fachas”, “ fascistas” o “
franquistas”. Sartori afirma de forma contundente que el
intelectual ( y aquel que esté dispuesto a pensar por sí mismo)
está obligado a pasar por encima del simplismo y las etiquetas que
no tengan su origen en un verdadero análisis de la realidad, sino en
el mera intención de insultar. Esa es una táctica propia de idiotas
y es útil con idiotas, pero no es a ellos a quienes quiere dirigirse
Sartori.
GIOVANNI
SARTORI Y LOS CRÍTICOS DE HUNTINGTON. ¿ PUEDE SOSTENERSE HOY DÍA
QUE NO EXISTE UNA GUERRA ENTRE EL ISLAM Y EL MUNDO OCCIDENTAL?
¿
Está en guerra el Islam con el mundo Occidental? La direccionalidad
es importante en este asunto, ya que si podemos aceptar que
Occidente rechaza estar en guerra con el Islam, Sartori no duda en
afirmar que el Islam sí está en guerra con Occidente. Ahora bien,
si entendemos que la guerra como concepto toma una dimensión
histórica,( es decir, solo son guerras aquellas que hemos vivido
hasta ahora) debe justificarse por qué debemos considerar que lo
estamos. A tal fin, Sartori considera que estamos ante un tipo de
guerra inédita, que tiene las siguientes dimensiones:
- Es terrorista. Su intención es aterrorizar, ya que no es viable una confrontación directa con las potencias occidentales. Es por ello que se mata indiscriminadamente y de forma aleatoria.
- Es una guerra global. Se diferencia de otros terrorismos ( como el perpetrado por el IRA o ETA) por abandonar el conflicto local y atacar venciendo las barreras nacionales.
- Es una guerra tecnológica, pues se aprovecha de la vulnerabilidad de la sociedad tecnológica, que no puede evitar que el mensaje radical llegué a todas partes gracias a la universalización de Internet.
- Es una guerra religiosa. Es con la idea de convertir al resto del mundo al Islam el que los motiva. Esto no quiere decir que todo el Islam sea fundamentalista, por supuesto que no, pero en palabras del propio Sartori:
“
El terrorismo islámico deriva de dos elementos: se alimenta de un
fanatismo religioso y está protegido por una fe religiosa. El Islam
es un gran mar en el cual los terroristas son los tiburones. Por lo
tanto, los terroristas islámicos no son peces fuera del agua o peces
aislados, como los terroristas de matriz ideológica o nacionalista.
Son peces en el agua, alimentados y multiplicados por el mar en el
que nadan”.
La
afirmación de Sartori parece estar reforzada por la realidad del
éxito del terrorismo yihadista, que si no ha podido ser neutralizado
de forma más eficiente se debe a la escasa colaboración útil (
útil, pues información de poco valor sí le llega a nuestro Cuerpos
y Fuerzas de Seguridad del Estado) de las comunidades musulmanas en
los países que sufren el terrorismo yihadista. Esto queda reforzado,
además , por el más que curioso hecho de estar los musulmanes
residentes en esos países muy alejados de las zonas donde se atenta.
¿ Simple casualidad o causalidad por ser avisados de futuros
atentados?
Retomando
la línea argumental de Sartori, este insiste en la necesidad de
llamarla como tal, como guerra, pues si no la llamamos por su nombre,
es decir, como “ guerra santa”, no tendremos la herramienta
fundamental que nos permitirá definir los motivos de guerra. Esta
guerra no es una lucha Norte – Sur como ha defendido de forma
inocente la izquierda española, es una guerra de religión y, en
base a ello, solo hay unas víctimas ( los que sufren los atentados
terroristas) y unos culpables: los terroristas.
Bajo
ese prisma, los Estados Unidos no solo son el gran Satán que quieren
vender desde el mundo musulmán, sino un fuerte baluarte para
aquellos que deseamos no sucumbir ante la barbarie islámica.
Sartori
es consciente de ello, y pone en el centro de la diana a esa
corriente de pensamiento absurdo que cree en la benevolencia del
Islam. De hecho cree que solo podremos ganar si....
“...
sabemos reaccionar a la desintegración intelectual y moral en la que
estamos cayendo. Y se pierde si dudamos de nuestros valores y de
nuestra civilización ético-política...”
Dicho
de otro modo, los valores que hemos defendido en el mundo Occidental
deben ser defendidos, pues nos han permitido gozar de una esfera de
libertades nunca vistas en el pasado, pero su defensa exige salir de
esa posición crítica contra ella, como si el mundo musulmán
ofreciese algo mejor.
Sartori
no va a perder tampoco la oportunidad de enfrentarse a esas personas
que comparan lo que hace el Islam con el cristianismo actual y
anterior. Si bien Sartori acierta al reconocer que la principal
diferencia entre los Estados occidentales y los musulmanes está en
que los primeros ponen el hincapié en que lo son “ por la voluntad
de la nación” y los segundos “ por la voluntad de Dios” , aún
acierta más al comprobar que en su origen, el Islam es una religión
en armas, pues el califato disponía del tal. Sin embargo, la Iglesia
Católica siempre ha necesitado de algún rey o príncipe que pusiera
su ejército a su disposición para lograr sus fines.
Esta
diferencia es fundamental y aún no ha podido ser refutada por ningún
musulmán “ moderado”, pues de ser esta una religión de paz, lo
sería tan solo de una paz a lo musulmán, incluyendo a radicales y
moderados.
Sin
embargo, no todo es cuestión de hechos, pues nuestras ideologías y
palabras son, según Sartori, las “ gafas con las que vemos el
mundo”. ¿ Cuáles son las gafas del mundo musulmán y cuáles las
del cristianismo? Pues las del primero son unos textos sagrados
basados en el Antiguo Testamento bíblico, lleno de referencias a la
guerra y la violencia totales.
¿
Y para los cristianos? Los cristianos saben que para ellos no se
aplica el Antiguo Testamento, pues el nuevo pacto ( la venida de
Cristo) hace cambiar la obligación del creyente, y ahora ya no se
manda acudir a luchar por la nación santa, no, ahora el cristiano
debe rechazar todo tipo de violencia. Ese es el ejemplo de Cristo ,
que muere en el madero sin oponer violencia. Ese es el ejemplo que la
Carta a los romanos ( la primera en orden de las cartas del apóstol
Pablo) exige que siga todo cristiano. Es decir, el Islam sigue en
guerra incluso a nivel de credo, mientras los textos sagrados
cristianos la han rechazado a todos los niveles ( la violencia).
A
todas luces es demoledora la argumentación de Sartori, pero él no
quiso dejar flecos en su argumentación y ahora quiere enfrentarse a
aquellos que afirman que los radicales son unos pocos. Ante esto,
Sartori afirma que:
“...
los acontecimientos históricos no son nunca promovidos por todos y
raramente por mayorías. Nuestra denominada “ revolución
estudiantil” de 1968-1969 fue atizada y gestionada por un diez por
ciento de la población estudiantil...”
Sartori
añade que el apoyo que obtienen de muchos estados islámicos también
debe ser tenido en cuenta, y, pese a ser repetitivo, tampoco debe
subestimarse la falta de apoyo de parte del mundo musulmán para
hacer efectiva la guerra contra el yihadismo.
¿
Y qué decirle a aquellos que, como Fernando Savater, creen que el
verdadero deseo de los terroristas es llegar a tomar el poder en sus
países de origen? Sartori no oculta su asombro ante tal postura, ya
que acceder al poder para estos grupos terroristas supone tener
acceso a muchos más recursos para hacer su guerra. Es decir, la
correlación es errónea porque no acaba en la toma de poder, sino en
obtener más recursos para llegar a conseguir su objetivo: someter al
resto del mundo al Islam. Al respecto, no hay pocos estudiosos que
han afirmado que en la génesis del Estado moderno estaba “ la toma
de tributos de forma organizada y sistemática que permitiese hacer
la guerra superando las limitaciones propias del medioevo” ( T.
Mann).
Teniendo
esto en cuenta, no sorprende que Sartoti descarte en unas pocas
líneas esta postura que es, a todas luces, corta de miras.
CONCLUSIONES.
El
objetivo de todo intelectual que se precie debe ser hacer accesible
la materia en la que se especializa, para hacerla entendible y,
además, debe ser objetivo y fiable en aquellos contenidos que haga
llegar a la Comunidad científica y a los lectores en general.
Las
críticas a el estudio de Huntington resultaron ser meras estafas a
un público manipulable por intelectuales nada objetivos por
intereses personales ( como Said) o con la intención de mantener un
statu quo ( como es el caso de Naciones Unidas) precario y, sobre
todo, que no está basado en la realidad a la que se pretende
enfrentar.
El
análisis de Sartori permite afrontar el problema de forma honesta y
no partidista con las garantías, además, que supone leer al
politólogo más influyente y completo de las últimas décadas.
Su
estudio del Islam, así como el de Huntington, facilitan entender qué
está pasando realmente y cómo nos hemos convertido en el objetivo
del islamismo radical, un islamismo que está en guerra con Occidente
con la intención de someterlo a su credo y, de oponerse a ello,
exterminarnos.
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