Pedro Sánchez y la estrategia del cangrejo.



      Hace poco más de un mes que triunfó la moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy y, pese a ser un espacio de tiempo muy corto, ha sido el más animado de los que hemos vivido en los últimos años.

     Ya desde las negociaciones previas  a la moción, muchos avisábamos del peligro que suponía una coalición en la que estuviese Podemos, y no por temor a que estos formaran parte de un gobierno de coalición o por regalarles ciertas áreas de la vida política ( como está a punto de pasar con RTVE, cuya convocatoria de concurso público se ajustará a las demandas de Podemos , es decir, ajustando las bases para que sea algún afín al partido el que obtenga tal concurso) , sino por el peaje a pagar por Sánchez: tendría que parecerse a los podemitas para que estos lo  sostuvieran en el poder.
     Esto era razonable, pues si bien un gobierno de coalición con Podemos sería rechazado por sus votantes aún ávidos de demostrar quién representa a la verdadera izquierda ( eufemismo fino para responder a la pregunta de cuál de los dos partidos es capaz de hacer una propuesta más irresponsable ) , de facto podría existir dicho pacto si el PSOE adoptaba todo el programa político de Podemos.
     Es decir, da igual que esté Podemos o no en el Gobierno si Sánchez actúa como mero esbirro de Pablo Iglesias.

     Y es que Sánchez ha establecido un tiempo récord en satisfacer todas las demandas del Presidente en la sombra: Consejo de Ministros dominado por féminas; aumento declarado del gasto público e incumplimiento de los compromisos de déficit; violación de los derechos fundamentales relacionados con la libertad sexual; cesión del concurso público a Podemos bajo sus exclusivas exigencias ( ¿ recuerda que el sueño de Iglesias era dominar Televisión Española?); sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos; presionar a la RAE para desarrollar un proyecto de "lenguaje inclusivo" en una reforma de la Constitución; propuesta de composición paritaria por sexos en todas las empresas y, por último, abandonar su postura de rechazo hacia el independentismo catalán por una de " entendimiento " con ellos.

     Quisiera pararme solo un instante en este último giro de 180° en sus posturas, pues ha sido el más vergonzoso, pese a no ser el más mediático. 
El PSOE había mantenido una postura clara sobre el procés y el actual Presidente de la Generalidad mientras estuvo en la oposición: apoyó la aplicación del artículo 155, negó concesiones de ningún tipo a los independentistas si no abandonaban la política de ruptura con el resto de España y, respecto a Torra, dijo literalmente que era un " racista y supremacista".
     Por suerte, de todo esto ha quedado registro en la hemeroteca y no le costará nada comprobarlo.

     Una vez tomado el poder, Pedro Sánchez ha tenido a bien reunirse con el racista y supremacista en un ambiente cordial pese a que este ha dejado claro que se puede hablar de todo lo que se quiera, pero la vía de la autodeterminación es innegociable.
     El espectáculo esperpéntico que ha supuesto este encuentro no radica,  sin embargo, en esto: sabemos quién es Torra y lo que está dispuesto a hacer para lograr su objetivo. No, lo patético ha sido ver a todo un Presidente del Gobierno ofrecer todo tipo de prebendas ( disposición a negociar el déficit fijado por ley para permitir que Cataluña se endeude más; acercamiento de los políticos presos de forma gratuita y sin fundamento o la negociación en ciernes para permitir que puedan comprar armamento de asalto para los Mossos) a un simple representante regional, en una actitud de sumisión que solo puede entenderse como el pago por permitirle llegar al poder.
     Y es que Sánchez,  al igual que los cangrejos, prefiere caminar de lado que de frente en política. Si en la oposición intentó tomar el centro político para luchar con Ciudadanos esos votantes potenciales, ahora gira hasta la extrema izquierda para satisfacer a aquellos que le permitieron expulsar del Gobierno a el hombre que, en coalición con otro partido responsable,  impedía que la política de las ocurrencias convirtiera a España en el mundo de las fantasías... Para los independentistas, las élites chupasangres del PSOE y las feministas radicales (y el infierno para los seres humanos).
     A estas alturas no puede caber duda: Sánchez se disfrazará de liberal, o de comunista si es necesario, para mantener el poder, porque para él eso es lo importante. Los españoles solo somos observadores de su gran interpretación teatral: la del cangrejo Pedro Sánchez.


     Eduardo José Ramírez Allo.
     Politólogo.

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