CATALUÑA HA DECLARADO LA INDEPENDENCIA. LA REACCIÓN GUBERNAMENTAL Y DE LA OPOSICIÓN.


    El pasado 10 de octubre Cataluña se ha declarado independiente.
    En un hecho sin precedentes, improvisado y caótico, los líderes independentistas catalanes aprovechándose de una doble retórica incompatible de negociación- ruptura, han materializado sus amenazas.
    No es de extrañar la confusión que ha reinado y que , al menos en un principio, no quedara claro si habían o no declarado la independencia. Sin embargo, y como se había roto previamente con la legalidad vigente ( por parte de los independentistas), sería un error tratar de entender bajo un prisma jurídico lo que pasó: debemos entender estos actos bajo su naturaleza, es decir, son manifestaciones de voluntad al margen de toda Ley.

    Una breve cronología de lo sucedido es la siguiente:

  1. El Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, declara la independencia de Cataluña para, acto seguido, solicitar al Parlament que la suspenda.
  2. El Parlament no se reúne de urgencia para dar satisfacción a la petición de Puigdemont.
  3. Una de las principales alborotadoras de las filas independentistas, Anna Gabriel ( de las CUP), apoyada por el resto del núcleo duro radicalizado, exige la firma de un documento en el que los diputados rubricaran, en solemne documento, que se había declarado la independencia.
  4. Se firma dicho documento, de lo que dejaron registro los medios de comunicación que cubrían la noticia.
  5. Puigdemont afirma que tal documento carece de validez jurídica.
  6. Puigdemont solicita un mediador para negociar con el Gobierno de la Nación, y de igual a igual, como Estados soberanos, no se sabe qué.


    Esta sucesión de acontecimientos, por la que Cataliña ha declarado la independencia, obedecen a una doble finalidad: reconocerse como país independiente sin sufrir una operación militar en su territorio y, de otra parte, poder sostener de forma simultánea que han pedido una negociación previa.
    Y ha funcionado: multitud de medios de comunicación y de analistas picaron el anzuelo al interpretar que Puigdemont había cedido en sus pretensiones y había retrocedido. Ha sido al revés, con esta maniobra ha logrado encubrir la realidad de su posición que se manifiesta en el punto 6 anterior: un diálogo entre iguales supone que son independientes.
    No ha sido sorprendente ver a Mariano Rajoy, el inútil Presidente de España, dar un plazo de cinco días a Puigdemont para aclarar si ha declarado la independencia. No sorprende, pues Rajoy ha dado sobradas muestras de estar dispuesto a todo con tal de no tomar una sola decisión de calado. En resumidas cuentas, esta es una táctica apropiada para un incompetente de primera.

    Muestra de ello es que el Gobierno de la Nación no ha presionado a el Fiscal General del Estado ( nombrado por el Rey a propuesta del Gobierno, y oído el Consejo General del Poder Judicial ) para detener de forma instantánea a Puigdemont ante la declaración de independencia pues, pese a que aceptáramos que la ha dejado en suspenso ( como hemos visto no es cierto) , ya la ha declarado y, por lo tanto, debe responder ante los Tribunales de lo penal sobre tal hecho.
El rechazo a tal actuación deja claro que el Gobierno quiere hacer un uso instrumental del Poder Judicial, pues denunciaron la convocatoria del referéndum del 1 de octubre, pero no la declaración de independencia.
    Es decir, Rajoy, al igual que Hamlet, no sabe qué debe hacer.

    La amenaza de aplicar el famoso art. 155 ( que, como ya he argumentado en uno de los vídeos del canal de Youtube, es insuficiente y no se adapta jurídicamente a lo que está sucediendo institucionalmente y en las calles) se ha hecho bajo la presión de todos los partidos políticos serios del Congreso ( esto excluye a Unidos Podemos y los independentistas) , que han aprovechado la amenaza de aplicarlo con una simultánea exigencia de negociación de reforma de la Constitución que es, a todas luces, discutible en la cuestión de la ordenación territorial del Estado.

    En esa línea se ha movido el líder de la oposición, Pedro Sánchez, que ha supeditado su apoyo en la aplicación del 155 a la negociación de redefinición del Estado como federal. Nada le importa a Sánchez que la definición política del verbo federar sea “ unir”. Es decir, romper España para volverla a unir es algo que no pasa de ser un disparate.
    Tampoco importa que todo el debate sea superficial, pues nuestro Estado de las autonomías confiere competencias a estas de las que no gozan muchos estados en las federaciones ( redactaré en un futuro cercano una entrada sobre el tema) , por lo que esta solo contentaría en parte a los nacionalistas catalanes al reconocerlos a ellos como “ Estado”.
    Obviamente, y por muchos giros lingüísticos que le demos al tema, el objetivo seguirá siendo el mismo: la independencia. Y la independencia se puede lograr también poco a poco, y para eso los socialistas españoles están demostrando ( como ya demostraron en el pasado con la aprobación del Estatuto catalán, que resultó ser anulado en múltiples puntos por el Tribunal Constitucional) ser unos fiables socios de los independentistas.

    Es aquí donde el lector o el analista político debe prestar mucha atención, pues las palabras violan la esencia de los hechos: el PSOE ya cedió en exceso con su Estatuto, ahora pide una reforma federal para que se reconozca a Cataluña como Estado, ¿ y lo siguiente? Opine usted que está leyendo esto.

    La posición de Ciudadanos ( partido que, según el trastornado Pablo Iglesias, es títere del antiguo Presidente José María Aznar) es la más fácilmente comprensible, pues llevan solicitando la aplicación del 155 antes del referéndum y ya se oyen voces favorables en aplicar los estados excepcionales del 116 CE por la gravedad de la situación.
    Obviamente, muestran lealtad institucional pese a estar en desacuerdo con la actuación del Gobierno, pero leen bien los tiempos y son responsables: la crítica dura por la tibieza de Rajoy se debe expresar en la campaña electoral, cuando el problema haya sido encauzado.
    Albert Rivera está mostrando con tal mesura ser el único político a la altura de la gravedad de la situación y, lo que es aún más encomiable, de lo grave que podría ser dejar solo al Gobierno en esta coyuntura.

    No es de extrañar que desde Unidos Podemos le estén regalando todo tipo de insultos, saben que él ( Rivera) está demostrando ser un político de altos vuelos, uno que sabe cuando criticar y cuando negociar; cuando ceder y cuando ser fuerte, esa es la esencia de un demócrata.
    Cuando finalice el plazo dado por Rajoy para aplicación del 155 ( el más amplio posible, pues según los juristas más cualificados, hubiera bastado con seis horas para entender cumplido el plazo legal) veremos hasta qué punto siguen maniobrando hábilmente los políticos catalanes y hasta qué punto sigue haciendo el idiota Mariano Rajoy.

    Por cierto, pasada esa fecha también podréis leer una nueva entrada en el blog para analizar lo que haya pasado ( y esté pasando) tras finalizar el plazo mencionado.


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