CATALUÑA HA DECLARADO LA INDEPENDENCIA. LA REACCIÓN GUBERNAMENTAL Y DE LA OPOSICIÓN.
El
pasado 10 de octubre Cataluña se ha declarado independiente.
En
un hecho sin precedentes, improvisado y caótico, los líderes
independentistas catalanes aprovechándose de una doble retórica
incompatible de negociación- ruptura, han materializado sus
amenazas.
No
es de extrañar la confusión que ha reinado y que , al menos en un
principio, no quedara claro si habían o no declarado la
independencia. Sin embargo, y como se había roto previamente con la
legalidad vigente ( por parte de los independentistas), sería un
error tratar de entender bajo un prisma jurídico lo que pasó:
debemos entender estos actos bajo su naturaleza, es decir, son
manifestaciones de voluntad al margen de toda Ley.
Una
breve cronología de lo sucedido es la siguiente:
- El Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, declara la independencia de Cataluña para, acto seguido, solicitar al Parlament que la suspenda.
- El Parlament no se reúne de urgencia para dar satisfacción a la petición de Puigdemont.
- Una de las principales alborotadoras de las filas independentistas, Anna Gabriel ( de las CUP), apoyada por el resto del núcleo duro radicalizado, exige la firma de un documento en el que los diputados rubricaran, en solemne documento, que se había declarado la independencia.
- Se firma dicho documento, de lo que dejaron registro los medios de comunicación que cubrían la noticia.
- Puigdemont afirma que tal documento carece de validez jurídica.
- Puigdemont solicita un mediador para negociar con el Gobierno de la Nación, y de igual a igual, como Estados soberanos, no se sabe qué.
Esta
sucesión de acontecimientos, por la que Cataliña ha declarado la
independencia, obedecen a una doble finalidad: reconocerse como país
independiente sin sufrir una operación militar en su territorio y,
de otra parte, poder sostener de forma simultánea que han pedido una
negociación previa.
Y
ha funcionado: multitud de medios de comunicación y de analistas
picaron el anzuelo al interpretar que Puigdemont había cedido en sus
pretensiones y había retrocedido. Ha sido al revés, con esta
maniobra ha logrado encubrir la realidad de su posición que se
manifiesta en el punto 6 anterior: un diálogo entre iguales supone
que son independientes.
No
ha sido sorprendente ver a Mariano Rajoy, el inútil Presidente de
España, dar un plazo de cinco días a Puigdemont para aclarar si ha
declarado la independencia. No sorprende, pues Rajoy ha dado sobradas
muestras de estar dispuesto a todo con tal de no tomar una sola
decisión de calado. En resumidas cuentas, esta es una táctica
apropiada para un incompetente de primera.
Muestra
de ello es que el Gobierno de la Nación no ha presionado a el Fiscal
General del Estado ( nombrado por el Rey a propuesta del Gobierno, y
oído el Consejo General del Poder Judicial ) para detener de forma
instantánea a Puigdemont ante la declaración de independencia pues,
pese a que aceptáramos que la ha dejado en suspenso ( como hemos
visto no es cierto) , ya la ha declarado y, por lo tanto, debe
responder ante los Tribunales de lo penal sobre tal hecho.
El
rechazo a tal actuación deja claro que el Gobierno quiere hacer un
uso instrumental del Poder Judicial, pues denunciaron la convocatoria
del referéndum del 1 de octubre, pero no la declaración de
independencia.
Es
decir, Rajoy, al igual que Hamlet, no sabe qué debe hacer.
La
amenaza de aplicar el famoso art. 155 ( que, como ya he argumentado
en uno de los vídeos del canal de Youtube, es insuficiente y no se
adapta jurídicamente a lo que está sucediendo institucionalmente y
en las calles) se ha hecho bajo la presión de todos los partidos
políticos serios del Congreso ( esto excluye a Unidos Podemos y los
independentistas) , que han aprovechado la amenaza de aplicarlo con
una simultánea exigencia de negociación de reforma de la
Constitución que es, a todas luces, discutible en la cuestión de la
ordenación territorial del Estado.
En
esa línea se ha movido el líder de la oposición, Pedro Sánchez,
que ha supeditado su apoyo en la aplicación del 155 a la negociación
de redefinición del Estado como federal. Nada le importa a Sánchez
que la definición política del verbo federar sea “ unir”. Es
decir, romper España para volverla a unir es algo que no pasa de ser
un disparate.
Tampoco
importa que todo el debate sea superficial, pues nuestro Estado de
las autonomías confiere competencias a estas de las que no gozan
muchos estados en las federaciones ( redactaré en un futuro cercano
una entrada sobre el tema) , por lo que esta solo contentaría en
parte a los nacionalistas catalanes al reconocerlos a ellos como “
Estado”.
Obviamente,
y por muchos giros lingüísticos que le demos al tema, el objetivo
seguirá siendo el mismo: la independencia. Y la independencia se
puede lograr también poco a poco, y para eso los socialistas
españoles están demostrando ( como ya demostraron en el pasado con
la aprobación del Estatuto catalán, que resultó ser anulado en
múltiples puntos por el Tribunal Constitucional) ser unos fiables
socios de los independentistas.
Es
aquí donde el lector o el analista político debe prestar mucha
atención, pues las palabras violan la esencia de los hechos: el PSOE
ya cedió en exceso con su Estatuto, ahora pide una reforma federal
para que se reconozca a Cataluña como Estado, ¿ y lo siguiente?
Opine usted que está leyendo esto.
La
posición de Ciudadanos ( partido que, según el trastornado Pablo
Iglesias, es títere del antiguo Presidente José María Aznar) es la
más fácilmente comprensible, pues llevan solicitando la aplicación
del 155 antes del referéndum y ya se oyen voces favorables en
aplicar los estados excepcionales del 116 CE por la gravedad de la
situación.
Obviamente,
muestran lealtad institucional pese a estar en desacuerdo con la
actuación del Gobierno, pero leen bien los tiempos y son
responsables: la crítica dura por la tibieza de Rajoy se debe
expresar en la campaña electoral, cuando el problema haya sido
encauzado.
Albert
Rivera está mostrando con tal mesura ser el único político a la
altura de la gravedad de la situación y, lo que es aún más
encomiable, de lo grave que podría ser dejar solo al Gobierno en
esta coyuntura.
No
es de extrañar que desde Unidos Podemos le estén regalando todo
tipo de insultos, saben que él ( Rivera) está demostrando ser un
político de altos vuelos, uno que sabe cuando criticar y cuando
negociar; cuando ceder y cuando ser fuerte, esa es la esencia de un
demócrata.
Cuando
finalice el plazo dado por Rajoy para aplicación del 155 ( el más
amplio posible, pues según los juristas más cualificados, hubiera
bastado con seis horas para entender cumplido el plazo legal) veremos
hasta qué punto siguen maniobrando hábilmente los políticos
catalanes y hasta qué punto sigue haciendo el idiota Mariano Rajoy.
Por
cierto, pasada esa fecha también podréis leer una nueva entrada en
el blog para analizar lo que haya pasado ( y esté pasando) tras
finalizar el plazo mencionado.
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