PREGUNTAS AL POLITÓLOGO: EL TEMOR A LA EXTREMA DERECHA ALEMANA ( AFD). ¿ HAN APRENDIDO ALGO LOS ALEMANES DEL NAZISMO?
Las
elecciones del pasado domingo en la Républica Federal Alemana nos
han dejado un resultado electoral que ha preocupado a muchos, pues la
extrema derecha ha vuelto a instalarse en la cámara representativa
germana, el Bundestag, lo que ha provocado una cierta histeria
colectiva.
No
en vano, muchos han llegado a afirmar que el nazismo ha vuelto a
Alemania, cosa radicalmente falsa, pues no coinciden ni en contexto
ni en enfoque de la vida política.
Y
es que esto es fundamental, pues de no ser consciente de qué
diferencia a ambas y por qué nació cada una, podemos pensar que
estamos haciendo frente al mismo problema. Esto es, precisamente, lo
que hacen aquellos que por no leer este blog siguen creyendo a pies
juntillas lo que opinan los medios de comunicación y partidos
políticos.
Este hecho y la demanda de varios lectores y amigos que quieren saber qué
está pasando realmente, es el fundamento de este artículo.
Un
breve repaso a qué defendían los nazis y en qué contexto nacieron.
Su comparación con Afd.
La
ideología nacional socialista ( nazi) nace en un período de
expansión de ideas totalitarias en territorio continental.
¿
Qué quiere decir “ totalitario”? El uso vulgar del término ha
llevado a pensar que todo el que no se pliegue a los caprichos de los
partidos de izquierda radical es un defensor del totalitarismo,
cuando los dos grandes ejemplos históricos de totalitarismo han sido
de izquierdas ( el comunismo y el nazismo ) , pues la propia
definición de totalitarismo es contraria a los principios de la
derecha: la defensa de la libertad y/o defensa de ideales
conservadores. Por lo tanto, los totalitarismos solo pueden ser de
izquierdas, pues esta desea un Estado inmenso, los liberales y
conservadores no desean tal cosa.
Los
totalitarismos se definen como aquellas ideologías y prácticas
políticas que intentan subsumir todos los poderes estatales (
acabando de facto con la división de poderes) y a todos los ámbitos
de la sociedad en un seno de dominio de la voluntad. Es decir, no
puede haber nada que se oponga a su propaganda y poder. Ni siquiera
las opiniones personales contrarias al régimen son aceptadas, la
propia vida privada está sometida a la primacía de la vida pública.
Para
lograr tales fines, se usan tres herramientas eficaces: la violencia
institucional, que intenta borrar a todo aquel que no se pliegue a él
por ser “ enemigos del régimen”; la propaganda institucional,
esta busca manipular la opinión del ciudadano ( para lo que
controlarán todos los medios de comunicación, aceptando
exclusivamente medios de comunicación públicos manipulados por el
régimen), para lo que usa la exaltación de aquello que les une (
nacionalismo o una ideología en común, como el comunismo) y se
demoniza el pensamiento alternativo; y, por último, se moviliza a
todos los sectores de la sociedad civil en pos de mostrar una unidad
fantástica ( basada en una fantasía irreal) entre las élites
militares, políticas , empresariales y ciudadanas, que crea una
ilusión de apoyo al régimen.
Es
decir, el Estado invade todos los ámbitos de la sociedad y del
poder, por eso es totalitario. Ejemplo de ello son los regímenes
actuales de Cuba, Venezuela y Corea del Norte.
Afd
defiende, aunque solo sea formalmente, postulados bien diferentes.
Tomemos como ejemplo dos de sus propuestas más polémicas y
comparémosla con los nazis. En primer lugar, la cuestión de la
extranjería tiene un contenido ideológico en el caso nazi ( el no
ario no es más que un impedimento para la purificación de la raza)
, pragmático para el Afd, pues su reacción se debe a la profusión
de actos vandálicos y la casi total ausencia de integración de los
inmigrantes musulmanes, pero tal postura no cuenta con un sustento
ideológico a priori, es decir, es una respuesta ad hoc.
En
segundo lugar, la relación con el resto de países de Europa:
mientras el partido nazi los observaba como un objetivo de dominio
militar, Afd considera que Alemania debe seguir formando parte de la
Unión pero reconociendo la necesidad de cambios de ciertas
políticas, como la fronteriza y la solidaridad con los países del
sur.
El
contexto, además, es radicalmente diferente ( con un país en
quiebra tras la I Guerra Mundial, rico a día de hoy), como muy
diferente son las propuestas del partido nazi y Afd. Es por ello que
Afd puede reconocerse como un partido nacionalista radical, pero no
nazi.
Al
respecto, es curioso que partidos que desean imponer sistemas
totalitarios, como la coalición de partidos de izquierda española
liderada por los comunistas( Izquierda Unida), hayan encontrado
mayor simpatía que los de extrema derecha . Y eso pese a que los
primeros son más peligrosos que los segundos, pues si bien los
partidos nacionalistas ( de corte estatal) promulgan la
inviolabilidad de las fronteras y el mantenimiento de la ordenación
del territorio, los partidos comunistas y chavistas ( como el partido
antisistema Podemos) abogan por la destrucción de la unidad nacional
. Todo ello como estrategia de destrucción de la democracia, pues
desean imponer un nuevo sistema de corte radical. Esto se está
viviendo a día de hoy en España, en la que esos partidos han
apoyado a los independentistas en Cataluña.
Por
todo ello no debemos alarmarnos demasiado por lo que está por venir
en Alemania, pues la solución es relativamente fácil: endurecer la
política con los refugiados ( que deberían haber vuelto a su país
desde hace tiempo, pues según la ONU, Siria es ya un país seguro) y
endurecer la política de tolerancia con los musulmanes.
Este
ha sido el caballo de batalla de Afd, y tras conocerse los resultados
electorales el CDU/CSU ha prometido hacerse eco de la condena
inequívoca que la población alemana ha hecho de su gestión, y esto
no solo por la cantidad de votos que ha ganada Afd, sino por los
votos que el CDU/CSU y el SPD han perdido.
Schulz
no ha dudado , y con razón, en afirmar que la gran derrotada de la
noche fue Angela Merkel, pues a parte de la ya mencionada pérdida de
votos y el crecimiento del nacionalismo radical, el resultado obliga
al SPD a rechazar que se forme una nueva gran coalición, pues sería
entonces el Afd quien encabezara la oposición. Este rol de crítica
resulta mucho más cómodo y suele generar un buen número de
adhesiones entre votantes indecisos, pues resulta más fácil
criticar que justificar políticas de gobierno.
Schulz
ha demostrado buen criterio a la hora de dejar a Merkel una sola
alternativa de pacto en el aire ( con el FDP y los Verdes), para
impedir que Afd termine por capitalizar el descontento e indignación
con aquellos a los que el pueblo germano ha mostrado solidaridad.
No
me cabe duda que Merkel se radicalizará en la política de
inmigración e, incluso, es posible que tome la misma deriva al
exigir que a todo inmigrante se le endurezcan las medidas para entrar
en el país ( ya se está hablando de exámenes sobre la lengua y de
cultura general), lo que deberá ser debatido en el marco de una
Unión Europea que empieza a estar harta de recibir ataques
terroristas y de estar bajo el temor constante a que partidos
radicales puedan tomar el poder en países claves ( como el Frente
Nacional en Francia, Afd en Alemania, el Partido de la Libertad en
Austria o la coalición marxista-chavista Unidos Podemos en España)
.
De
hecho, ya se empiezan a preguntar muchos intelectuales si las
posiciones tibias de los partidos tradicionales se encuentran en una
crisis sin retorno, pues no consiguen dar una respuesta satisfactoria
a las demandas de sus votantes. En Alemania esto ya había quedado
patente desde hace largo tiempo ( incluso se acuñó el término “
enojo político” para describir esta realidad) , y solo hacía
falta que un partido se atreviera a decir abiertamente lo que muchos
piensan sobre temas tan peliagudos como la inmigración, el Islam, la
solidaridad o la defensa de la integridad del pueblo germano.
Los
próximos meses serán fundamentales para Alemania, pues si no toman
el camino mencionado y continúan los ataques terroristas de origen
yihadista ( algo que tiene todos los visos de continuar) , Afd puede
convertirse en una verdadera alternativa de gobierno. Algo que, al
menos de momento, está muy lejos de ser.
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